Maimónides

Para mi familia y para los anónimos y valientes defensores de causas “imposibles”.

“Preferid siempre la verdad y la justicia por más que os parezca que resultaréis perjudicados defendiéndolas, y que por la vía de la impiedad y la mentira os beneficiaréis. Sabed que la verdad y la justicia son joyas del alma y dan fuerzas y seguridad a uno mismo”

(Párrafo extraído del Testamento de Maimónides. Medico judío. Córdoba, España, 1135 – Fostat / Egipto,1204)

Recordemos la plegaria que Maimónides hacía cada mañana antes de comenzar su tarea médica:

"Me estoy preparando para ejercer mi profesión; ayúdame, ¡oh, Dios!, en mi trabajo para que tenga éxito.

" ¡Pon en mi corazón el amor a la sabiduría y el amor a tus criaturas!

" ¡Aparta de mí la codicia por los bienes materiales y los honores, pues estas cualidades se oponen a la verdad y al amor al prójimo!

"Fortalece mi cuerpo y mi alma para poder siempre ayudar al pobre y al rico, al bueno y al malo, al amigo y al enemigo; para que vea en el enfermo 'sólo al Hombre'.

''Da a mis enfermos el sentimiento de confianza en mí y en mi ciencia; que presten atención a mis consejos y cumplan mis órdenes.

"Aleja del lecho de los que sufren a todo medicastro, manosanta y curandero, y a los que creen en ellos.

"Hazme fiel ejecutor de las indicaciones de sabios médicos, hombres de ciencia auténticos, pues el campo de la sabiduría es grande y amplio.

"Dadme el coraje y la fortaleza del espíritu necesarios para combatir a los necios embaucadores que pretenden engañarme, para que no me aparte del camino de la verdad".

Murió a los sesenta y nueve años, el 13 de diciembre de 1204.

Antes de morir había redactado un precioso testamento:

"Oídme, hijos, que habéis sido bendecidos por Dios, Creador del cielo y la tierra ..., sed fuertes y haceos hombres; temed al Dios de vuestro padre, de Abraham, Isaac y Jacob. Servidlo con fe y con amor, pues el temor hace cuidarse del pecado, mientras que el amor impulsa a cumplir los mandamientos divinos."

Y continúa especificando cada uno de los puntos:

- Distinguid bien la a luz de la oscuridad, y apartaos de la muerte y del mal, elegid siempre la vida y el bien, pues la elección está en vuestras manos.

- Observad siempre buenas costumbres, pues la naturaleza del hombre depende de las costumbres y viceversa.

- Absteneos de participar en reuniones fútiles, de la vagancia y del ocio, pues de allí provienen los frutos del mal.

- Frecuentad en lo posible las reuniones de los sabios, más con modestia y sumisión y ocupando los lugares menos destacados ...

- Prestad atención y aguzad. el oído para saber qué es lo que ellos elogian y qué es lo que desechan.

- No os ufanéis en su presencia y no temáis preguntar lo que no os resulta claro. Sólo cuidad de hacerlo en el momento preciso y con las palabras adecuadas.

- Rondad las casas de los sabios y estudiosos; por allí debéis pasearos ...

- Hablad con vuestras mejores palabras, en un estilo refinado y culto, con voz agradable y siempre con respecto al tema que se está tratando, dando la impresión de que buscáis realmente la verdad y no que estáis armando camorra.

- Emulad a los eruditos, y despreciad en vuestro interior a los necios.

- Estudiad mientras sois jóvenes y vuestro corazón está libre, y no esperéis a que la mente se llene de pensamiento y se debilite la memoria, pues vendrá entonces un momento en que querréis y no podréis.

- Cuando encontréis un escrito difícil e intrincado, y una cita un tanto rara en la Tora, los libros de los profetas o los hagiógrafos, que os resulte indescifrable y que contradiga los principios de la Torá, no os alarméis y no dejéis paso a la perplejidad. Haced caso omiso del intelecto y no os apartéis de vuestra fe por causa de ese detalle.

- Preferid siempre la verdad y la justicia, por más que os parezca que resultaréis perjudiciales defendiéndolas, y que por la vía de la impiedad y la mentira os beneficiaréis. Sabed que la verdad y la justicia son joyas del alma y dan fuerza y seguridad de uno mismo.

- Vivid con dignidad, pureza de espíritu y honradez, y no os acerquéis a lo que no os pertenece, ni os guieis por principios que no os resulten absolutamente claros.

- Acercad a los apartados, enseñad a los incultos y proteged a los desamparados, cuidando de no humillarlos con vuestro óbolo.

- No sacrifiquéis vuestras almas ni vuestros pensamientos al cuerpo ni al dinero, pues de ser así, ¿qué os queda ya?

- Yo he visto que por culpa de las riñas y peleas se han enturbiado los puros, han disminuido los numerosos, familias han sido deshechas, ministros han sido relevados, grandes ciudades han decaído, comunidades se han· dividido y los adeptos se desmembraron; los creyentes se transformaron en herejes y los encumbrados perdieron sus honores por causa de las vanas discusiones.

- Conducíos con modestia, pues ella os permitirá escalar elevadas posiciones.

- Someted la materia al intelecto, es decir, el cuerpo al alma, pues de su esclavitud depende vuestra libertad.

- Comed sólo lo suficiente para vivir, y absteneos de lo superfluo.

- En las comidas de camaradería se advierte si una personas es o no culta (es decir, en los ágapes colectivos es posible conocer a las personas por sus maneras).

- Sed caritativos al máximo.

- Honrad a vuestras esposas, pues ellas son vuestra honra.

Su cuerpo fue trasladado a Israel y lo enterraron, a esperar la resurrección mesiánica en Fiberiades.

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